martes

EL FESTEJO DE LOS 100 CAPITULOS DE "GRADUADOS"







El elenco y la producción de “Graduados” se reunieron en el resto bar Crobar para festejar sus 100 emisiones al aire.

Con una inmensa torta de tres escalones repleta de muffins que rodearon al gran número 100, tanto actores, vestuaristas, maquilladores, productores y técnicos se hicieron presentes.

Cabe destacar que la tira es un éxito más de la productora Underground, liderada por Sebastián Ortega y Pablo Cullel.

Uno de los grandes acontecimientos de la noche fue cuando la actriz Nancy Duplaa subió al escenario para mostrar la placa entregada por CAPIF que certifica la llegada al disco de Oro del álbum “Graduados”, que contiene las canciones de la tira.

Estuvieron presentes en la celebración : Nancy Dupláa, Pablo Echarri, Luciano Cáceres, Mirta Busnelli, Mex Urtizberea, Daniel Hendler, Julieta Ortega, Isabel Macedo, Gastón Soffritti, Paola Barrientos,Violeta Urtizberea, Juan Leyrado, Jenny Williams, Chang Kim Sung, Juan Gil Navarro, Andy Kusnetzoff, Diego Mesaglio, German Tripel, Antonio Birabent, Ivo Cutzarida, Marco Antonio Caponi, Julieta Díaz, entre otros.

Fotos: Jorge Amado Group

viernes

En Graduados recordaron el atentado de la AMIA

En la ficción, el matrimonio Goddzer decidió participar del acto conmemorativo al cumplirse un nuevo aniversario de esta tragedia 




 Este jueves se cumplieron 18 años del atentado terrorista que ocurrió en la AMIA, en el que murieron 85 personas.
Para recordarlo, en Graduados, Dana Blatt de Goddzer (Mirta Busnelli) y Elías Goddzer (Roberto Carnaghi) deciden asistir al acto conmemorativo que se realiza todos los años en las inmediaciones del edificio ubicado en Pasteur 633, en el barrio de Once.
"Hoy es el aniversario del atentado de la AMIA. Cierro el negocio y vamos juntos como todos los años", afirmó Elías, mientras estaba leyendo junto a su esposa la noticia del homenaje en un diario en Internet.
De esta manera, Graduados aportó su grano de arena para recordar a esta tragedia.

domingo

Busnelli & Carnaghi: Somos mucho más que dos

Componen a un matrimonio judío en “Graduados”, la ficción más vista del año. Aseguran que son como padres de familia normales, que se quieren, se pelean y tienen problemas con sus hijos. Ahora, la trama los tiene coqueteando con el intercambio de parejas.
“Ahora, como dos enamorados”, propone él una pose para la sesión de fotos en Telefé. Y juntan cachete con cachete, sonriendo para la cámara. “Ahora, un trencito”. Y la abraza desde atrás, siguiendo con el juego. Roberto Carnaghi y Mirta Busnelli son pareja en la ficción. En Graduados (lunes a viernes, a las 21.15) son Dana Blatt de Goddzer y Elías Goddzer, un matrimonio judío de muchísimos años. De esos que se quieren, discuten, se odian, se soportan, se perdonan y se vuelven a querer.
En el programa, tienen dos hijos, Andy (Daniel Hendler) y Gaby (Violeta Urtizberea). En las últimas semanas, hubo un gran giro en la trama. Elías se enteró que es abuelo de Martín (Gastón Soffritti), producto de una relación juvenil entre su hijo y Loli (Nancy Dupláa). Además, la pareja Goddzer -quizá para reavivar la pasión- muestra interés en el intercambio de parejas. Carnaghi y Busnelli analizan con Clarín los por qué del éxito del programa -es la ficción más vista de la televisión-, las claves para componer a la pareja y del debut como abuelos en la tira.

Fue muy comentada la escena en la que te enterás que tenés un nieto. ¿Por qué pensás que gustó tanto?
Carnaghi : La sorpresa no fue a nivel actoral, sino la recepción de la gente. Creo que el público que nos mira está conectado a la familia. Recién me encontré con una compañera que me dijo: “Llegué a casa y vi a mi marido llorando por esa escena”. Un nieto es casi un hijo, la prolongación de uno. Pasó algo más de lo que esperábamos.
Busnelli : Cuando la gente tiene hijos grandes, pasa mucho tiempo sin tener contacto con un bebé. Yo no tengo nietos, pero siempre digo que en una reunión de adultos falta algo si no hay niños. Cuando tuve a mi hija, viví la mayor conmoción de mi vida. Y creo que algo de eso se vio en la ficción.

En la ficción, ustedes son un matrimonio judío, pero en la composición buscan alejarse de los estereotipos. ¿En quiénes se inspiraron para lograr ese equilibrio?
Carnaghi : Si bien somos un matrimonio judío, no hemos abordado en la ficción el costado religioso. Somos una pareja como cualquiera, que se pelea, se quiere y tiene problemas con los hijos. El toque de humor lo da ella con el tema de la comida. Las madres judías tienen eso. Es conocido que una madre judía dice: “Si no comés, me muero”. Y la italiana amenaza: “Si no comés, te mato”.
Busnelli : En algún punto, los dos personajes me parecen monstruosos.
Carnaghi : ¿Monstruosos? ¿Por qué decís eso? Busnelli : El eje de la educación de Elías fue el dinero, ganarlo y no gastarlo. Es mezquino y víctima también de esa mezquindad. Pero lo bueno es que la tira muestra que no todo lo mide en plata; es también un tipo con una gran potencia afectiva. El lado monstruoso también aparece cuando quiere conseguirle un novio para la hija sin tener idea de su vida y sin darse cuenta de que no es su tarea como padre. En definitiva, estamos haciendo una comedia, que muestra la debilidad y las careteadas de las personas.

Otra de las nuevas aristas de los personajes es el interés por el intercambio de parejas. ¿Cómo tomaron ese giro en la comedia?
Carnaghi : Cuando hacés un programa diario, nunca tenés noción de cuál es la historia completa. Entonces, no te preocupás tanto por los libros y sí por dónde va tu personaje. Creo que no cualquier pareja llega a ser swinger. Es un arreglo de dos personas...
Busnelli : En realidad, de cuatro.
Carnaghi : Sí, claro, de cuatro. Hay otras parejas que no se permiten esas libertades y se engañan. Hoy en día, son cuestiones que se pueden discutir; en otro momento, hubiese sido motivo de pelea. Y sé también que hay muchos ratones sobre el tema.
Busnelli : Los nuestros son personajes conmovedores y muy pequeños. El intercambio de parejas es un tema grosso y difícil y la tira lo trató por arriba, pero va más allá. Es una transgresión legalizada. Nuestra pareja, además, generó otras cosas. Por ejemplo, dos hijos que son grandes y que todavía viven en la casa.

“Graduados” es la ficción más vista de la TV argentina. ¿Cuáles, creen, son las claves del éxito?
Busnelli : Una de las virtudes es la unión de varias generaciones. El programa se remonta a la década del 80 y genera identificación con la gente que ahora tiene 40 años. A su vez, también cuenta la historia de sus padres. Y siento que hay una afinidad entre los actores, una manera común en la forma de ver la actuación.
Carnaghi : Tenés mucha razón. Hay una mirada afín, aunque seamos de distintas generaciones. Pienso en ella, en Juan Leyrado, Daniel Hendler o Luciano Cáceres. Hay una crítica que puedo hacerle a la televisión: se ven ficciones en las que dos tipos pueden estar hablando de la muerte de la madre y del baile de la noche con la misma intensidad. Todo es igual. Es una gran diferencia con lo que ocurre acá.
Busnelli : Después está la cosa del rating. Acá, ese tema no nos ocupa mucho la charla. No nos sentamos a comer para hablar del rating. Hablamos del programa, de los personajes y de cómo encararlos. 

Quizá no hablan del rating simplemente porque les va bien...
Busnelli : Obvio que sí. Este programa no es revolucionario, pero sí está muy bien hecho y está marcando una tendencia. A partir del éxito Graduados , se marcó a cierta televisión que ya quedó vieja.

jueves

Estas son Algunas de las Mejores Escenas de Mirta Busnelli en Graduados!!!



Mirta Busnelli, Una Grande en Pura Quimca!!!







El elenco de Graduados se juntó para festejar 70 programas al aire justo la noche en que lograron su marca más alta y se posicionaron como lo más visto del día.


Nancy Dupláa, Luciano Cáceres, Isabel Macedo, Mirta Busnelli, Juan Leyrado, Paola Barrientos y gran parte del elenco de la tira estuvieron presentes y descorcharon champagne por ganarle a Tinelli en la marca diaria, aunque no pudieron superarlo la semana pasada en el mano a mano que se repetirá esta noche.

"Sentimos que Graduados no tiene techo", comentaron al final del festejo, teniendo en cuenta que la tira sigue subiendo en su número de audiencia. Desde agosto tendrán que vérselas con "Sos mi hombre", la nueva tira de Pol-ka en clave romántico-dramática, con Luciano Castro y Celeste Cid.

martes

“La necesidad del negocio televisivo tiene un precio”




Aunque disfruta la posibilidad de generar un intercambio que agregue algo a su rico historial, el dúo no pierde de vista que los tiempos de una tira no son los ideales. “Pero el pan amargo uno lo puede comer en TV, teatro o cine, no es potestad de un medio.


Es increíble cómo, a veces, el mágico mundo de la pantalla chica puede llegar a traspasar los límites del televisor. La natural manera en que suelen imprimirse en los actores los personajes que interpretan así lo atestigua. Tal vez sea por esas ocho horas diarias –como mínimo– en las que juegan a ser otros a lo largo de todo un año, cuando aceptan hipotecar la mayor parte de su tiempo despierto involucrándose en una tira diaria. O, por qué no, por las entrevistas que además conceden en el momento del almuerzo, esa hora en la que abandonan la ficción por un rato para volver a pensar como personas. ¿O, acaso, ese supuesto traslado ficcional de personajes y relaciones fuera de la pantalla no es, en realidad, una percepción contaminada de la mirada de un tercero? Cualquiera sean las razones, lo cierto es que en la entrevista con Página/12 Mirta Busnelli y Roberto Carnaghi repiten actitudes y roles que encarnan en Graduados (lunes a jueves, a las 21.15), la ficción de Telefe en la que le sacan brillo a un entrañable matrimonio judío. En la sesión de fotos y en el diálogo, Busnelli/Dana da órdenes, instrucciones y sugerencias sobre todo. Y Carnaghi/Elías acepta, con mayor o menor gana.
En la piel de Dana y Elías Goddzer, los padres de Gabriela (Violeta Urtizberea) y Andy (Daniel Hendler), la pareja de actores se destaca dentro de una ficción que se convirtió –hasta la llegada de ShowMatch– en el programa más visto del año. Sumándole picardía y tensión a la relación de sus personajes en la coproducción de Telefe y Underground, Busnelli y Carnaghi le aportan los momentos más jugosos a Graduados, con la sabiduría de quienes saben lo que hacen. No es casualidad: no se trata del primer matrimonio que la pareja de actores interpreta. En el comienzo de la democracia hicieron marido y mujer en Los insomnes (1984), un pretencioso film de Carlos Orgambide basado en un texto de Beatriz Guido. Después volvieron a ser pareja en Personas y personajes, el ciclo televisivo de ficción basado en hechos reales que dirigió Pablo Antonio en los ochenta. Y más tarde compusieron en Disputas (2003) a un inol-
vidable y particular matrimonio, en el que Carnaghi hacía de capomafia berreta y Busnelli de una madama degradada y sórdida. “Ese matrimonio fue fantástico. Porque veía por tele las cosas que hacíamos y decía que no era verdad lo que habíamos hecho. Eran cosas muy jugadas”, apunta Busnelli. “La culpa de eso la tuvo Adrián Caetano, el director, que es un tipo al que uno se tiene que entregar. Me acuerdo de que hubo una escena en la que mi personaje le regalaba un ramo de flores y ella un consolador, teníamos sexo debajo de la mesa. ¡Y terminaba limpiándome la boca con el mantel!”, recuerda Carnaghi, aún hoy atónito por las cosas que hicieron en la ficción ideada y dirigida por Caetano.
En una búsqueda y temática completamente diferente a la experiencia producida por Ideas del Sur, en Graduados los actores le ponen pimienta a un matrimonio de años, reconocible en cualquier hogar argentino. De esas parejas de toda la vida que aprendieron a soportar lo insoportable del paso de los años, en una relación tan viciada por los reproches y los achaques de la edad como graciosa para los extraños. Un matrimonio con un reconocible componente judío, pero que trasciende su condición religiosa. “Desde un primer momento era un matrimonio judío. Pero intentamos hacer un matrimonio de larga data cruzado por lo judío pero actualizado, no ortodoxo. Dana y Elías son judíos nacidos y formados en Argentina”, apunta Busnelli.

–¿Acuerdan que en Graduados conforman un matrimonio que tiene visibles rasgos judíos, pero con problemáticas y relaciones propias de cualquier matrimonio de muchos años?
Mirta Busnelli: –Cuando en la calle me preguntan si soy judía, yo me sorprendo, porque no hacemos a un matrimonio judío ortodoxo. Creo que nuestro matrimonio es judeocristiano. Muchas veces pongo en escena actitudes de mi mamá.
Roberto Carnaghi: –El de Dana y Elías es un matrimonio como cualquier otro. No creo que haya diferencias en matrimonios de años porque sean italianos, judíos, católicos o españoles. Con cuarenta años de matrimonio, a todos nos pasan más o menos las mismas cosas: nos peleamos, nos preocupamos por los hijos, discutimos, nos encabronamos con el otro, repetimos actitudes y nos soportamos. A Dana y Elías les pasan las mismas cosas que a la mayoría de los matrimonios mayores. Esa es la clave.
–¿Creen que si hubieran hecho un matrimonio judío ortodoxo hubiesen caído en el estereotipo?
R. C.: –La hubiésemos pifiado, porque no somos judíos ni hablamos iddish, por ejemplo. Además, la necesidad televisiva de subrayar determinados rasgos nos hubiera obligado al estereotipo. Que un tipo de más de 60 años esté todo el tiempo viendo tele y que la mujer se queje de que lo único que hace es estar conectado a ese aparatito o al diario es algo que sucede en cualquier hogar. A veces, de hecho, me encuentro diciéndole a mi mujer en la vida real textos de la ficción. O también agrego expresiones a la ficción que le suelo decir a mi mujer.
M. B.: –Ernesto Korovsky, el autor, nos dijo que él hablaba de su familia, de las cosas que les pasaban a sus tíos y a sus padres.
–Ustedes parecen dos actores ideales para trabajar personajes cotidianos, que provocan una rápida identificación del público.
M. B.: –Los personajes de la TV, por lo general, son populares. Pero Graduados no es costumbrismo.
R. C.: –Creo que los de la vieja escuela tenemos mayor facilidad para imprimirle cotidianidad. A los más jóvenes, en algunos casos, parece que les da lo mismo tomar un café o recibir un insulto. Hay muchos actores jóvenes en TV a los que no les pasa nada. Nosotros sentimos esa cotidianidad.
M. B.: –Salvo las sitcom, que tienen algo de sketch, las tiras requieren de un registro más natural. En la sitcom hay condensación de tipología. En Graduados hay identificación fácil, pero no es ese costumbrismo aburrido donde no pasa nada. Graduados tiene un guión donde suceden cosas y con un trabajo de búsqueda de los actores.
R. C.: –Hay una descripción que no falla: la TV es de la producción; el cine del director, y el teatro del actor. Graduados es un trabajo colectivo que respeta esa filosofía.
–¿Cómo influye el conocimiento previo que tienen, tanto personal como profesional, a la hora de componer un matrimonio para una tira diaria?
M. B.: –Si uno tuvo una buena experiencia, se supone que el conocimiento tiene que ayudar. De todas maneras, cada trabajo se me hace un proyecto nuevo. Cuando uno empieza un programa, obra o película, aunque conozca a muchos compañeros, lo que se pone en juego es una constelación distinta. Es una obra que se va construyendo a partir de otras coordenadas. Además de que me encanta como actúa, Roberto me da mucha tranquilidad, me da confianza. Es una persona muy tranquila trabajando, que me allana el camino. Porque la tele tiene un vértigo permanente, sobre todo las tiras. Yo considero a las tiras algo contranatura para el actor. Entonces, cuanto más afinidad entre los actores, mayor posibilidad creativa hay. Sé que puedo jugar a la actuación y proponer cualquier cosa, que Roberto no lo va a tomar a mal nunca. El actor necesita no tener el peligro que da la extrema susceptibilidad de algunos.
R. C.: –A veces, de todas maneras, por más que hayas trabajado con alguien, uno no tiene tranquilidad. Tal vez porque la experiencia no fue buena, o por tener registros de actuación o maneras de trabajar diferentes. Con Mirta ponemos en práctica el mismo código. Por más que hemos hecho otros matrimonios, los personajes son otros y esa relación hay que hacerla de cero. Tenemos una afinidad humana y artística que hace todo más fácil. Los dos nos plantamos frente al trabajo con la misma energía.
M. B.: –Yo tenía bastante miedo, al punto casi de no aceptar el papel, sobre cómo interpretar a una madre judía, lugar común si los hay. Hay muchas actrices que supieron hacer ese rol muy bien, como Gabriela Acher, por ejemplo. Mi dilema era qué podía aportar de nuevo a esa caracterización, qué podía sumar para que a los televidentes les dé ganas de mirarlo. Cuando supe que Roberto iba a ser mi compañero, creí que algo podía salir de ese encuentro. El actor tiene que estar abierto a que en el encuentro artístico surja lo que en forma individual no se encuentra.
–¿El riesgo, en su caso, que habían hecho otros matrimonios, era no repetirse?
M. B.: –Uno a veces termina copiándose de sí mismo. Existen los vicios actorales por falta de tiempo. Muchas veces en el set uno propone buscar alguna escena por otro lado, diferente a la idea original, como para probar, y no hay posibilidad de hacerlo. Yo sostengo que probando uno se lleva muchísimas sorpresas.
R. C.: –En la TV uno no tiene tiempo para probar, para ensayar. En todo caso, uno prueba todos los días, construyendo al personaje y sus relaciones a diario. Los personajes se construyen al aire. Hay que estar despierto. Se nota cuando un actor trabaja para irse temprano.
M. B.: –Pero aun cuando uno le pone toda la energía y el amor, el trabajo de una tira diaria es un exceso. Nadie puede trabajar tantas escenas diarias durante un año. Es un trabajo industrial. Y la industria televisiva, casi siempre, tiene necesidades inherentes al negocio que la alejan de lo artístico. El arte y la industria no son un buen casamiento.
–¿Qué es lo positivo, más allá de lo económico, de hacer una tira, entonces?
R. C.: –La tira es buena como negocio, pero no es buena ni para el actor ni para el director ni para los técnicos. ¿Cómo hace un director o un protagonista, que se levantan a las 7 de la mañana y graban hasta las 7 de la tarde, para pensar creativamente si además cada día se llevan el libreto del día siguiente? Es imposible. Muchas veces esos esquemas de producción hacen que ni siquiera tengan tiempo de ver el programa. Los resabios del acto creativo en una tira responden casi exclusivamente al orgullo individual.
M. B.: –La actuación tiene el mismo nivel de hastío que el dulce. El exceso nunca es buen compañero. Sólo en la Argentina hay programas de 200 capítulos. La pregunta del millón es saber si es posible otro esquema de producción y de emisión aquí. El dinero, para el actor, es un estímulo, pero no mejora el trabajo creativo. No hay dinero que pueda pagar el descanso y el tiempo que uno necesita para pensar una escena. La necesidad del negocio televisivo tiene un precio, y lo paga la calidad de lo que se hace.
–¿Y cómo convive, entonces, la necesidad artística cuando hacen TV?
M. B.: –Antes yo era demasiado fascista conmigo misma. O era bueno o era malo. La TV, no; el teatro, sí. Era más drástica, más dictadora conmigo misma. Tenía una exigencia castradora, porque siempre existe la posibilidad de desarrollar cosas interesantes, incluso donde hay chiquero. No todo es negro y blanco. Hay obras que no te causan expectativas y te sorprenden. Y otras que esperás mucho porque está lo más prestigioso y resultan un plomazo. El ser actor es un proceso coral. En base a cómo se da esa constelación colectiva puede o no ser propicia para que se dé el hecho artístico. En Graduados hay muy buen clima de trabajo y cada uno pone lo mejor. Es el sistema el que determina la violencia contra el hecho artístico, no la gente que lo hace.
R. C.: –El pan amargo uno lo puede comer en TV, en teatro o en cine. El pan amargo no es potestad de un medio. Ni el tiempo ni la plata ni el mejor actor del mundo determinan si una obra artística logra su cometido.
M. B.: –Además, lo que termina de completar el trabajo es la mirada del público. La experiencia artística es la mirada del otro. Mucha gente me felicita en la calle por Graduados, y yo siento que ese encuentro es inferior al encuentro que cada noche ese espectador tiene con el programa o con el personaje. El encuentro que se produce en la ficción es imposible de trasladar. Nunca vamos a sentir lo que yo siento cuando actúo y lo que esa persona siente cuando ve al personaje. La ficción es una experiencia estética.

Por Emanuel Respighi.